Dentro de mí está mi deseo, que está dividido. Por eso percibo una parte de éste como a mí mismo (“la raíz, el alma, el cuerpo”) y percibo la otra parte como algo que está fuera de mí (lo cercano son “las vestiduras” y lo lejano son “los palacios”, el espacio externo).
Pero todo pertenece a mí y está en mis sensaciones. Solamente me imagino que existe algo fuera de mi deseo. Entre el deseo interno y el deseo externo hay una diferencia tremenda. El límite que les divide se denomina Parsa, la fuerza de la partición. Es como si me hubiesen aplicado anestesia en una parte de mi deseo y he dejado de sentirlo como mío. ¡Imaginaos que me han puesto en mi pierna una inyección anestésica y ahora están amputándola,m mientras yo estoy hablando y riendo con alguien sin sentir nada en absoluto; estoy viviendo como siempre!
Pero no basta con que no sienta este deseo como mío. Me han inculcado además la idea que este deseo es opuesto a mí; es hostil; es menos importante que yo. Solamente pienso cómo puedo usarlo y explotarlo para mí. Y sólo por eso presto atención a él. En el mundo existen miles de manifestaciones del mismo deseo, pero si no encuentro cómo usarlos para mi propio bien, no los siento del todo. Los deseos pueden ser tan altos y enormes, hasta el mismo Mundo del Infinito, pero si no son beneficiosos para mí, incluso ni les percibo.
La fuerza de la partición funciona de tal modo que puedo llegar a sentir placer incluso cuando puedo matar, quemar, usar, esclavizar esa parte de mi deseo. Vivo engañado de tal manera que me hago mal a mí mismo y no lo entiendo: ¡Es una tontería tan increíble! Intentamos hacer daño a otras personas, pero después revelaremos que nos hemos hecho daño a nosotros mismos: ¡Qué dolor y desilusión sufriremos después!…
¡¿Cómo puedo curar esta ceguera engañosa?! Para ello leo el Libro del Zohar y deseo que éste me ayude, que su fuerza me influya y me devuelva mi parte perdida para su corrección. Quiero poder ver que las demás personas, el deseo ajeno, realmente son parte de mí. Quiero corregir la fuerza de la partición y unir las cinco partes de mi deseo, para que nada se quede fuera, obligándome a pensar como si ello no fuera yo.
Quiero curar mi ceguera para que mis ojos se abran y sentir que todo eso soy yo, la vasija de mi alma, que todo está dentro de mí, incluso la Luz Superior y el Creador, reparando esta fractura y esta partición, porque logro unir la Luz y el Kli.
(Extracto de la lección sobre La introducción al libro del Zohar correspondiente al 07 de enero2010.)
A veces la gente viene a las lecciones como si estuviera cansada. Pero eso no es cansancio. Como dice el Rabash : “ si te dicen que tu casa está ardiendo tu darás un salto y correrás”. Esto no es cansancio, esto es la falta del deseo”. La gente siente que no entiende, ni siente; todo parece estar en la niebla y todo eso sucede porque falta la intensidad del deseo.
El rompimiento de los Kelim tenía que suceder, para que el deseo de recibir y el deseo de otorgar no quedaran separados e incomprensibles entre ellos, sino que se mezclaran y aprendieran a entenderse el uno al otro.Esto, en realidad, no es “el rompimiento” por error, sino la realización de un programa que permite llevar a la creación hacia el entendimiento y obligarle a comprender su “error de percepción”.
¿Cómo rompe al Kli el
Los cabalistas nos explican que el deseo es la única creación que el Creador creó, y se compone de los 613 (Tariag) diferentes deseos en sus diferentes manifestaciones. Nosotros vivimos dentro de estos deseos. Somos todos estos deseos.
Al estudiar El Zohar hay que concentrarse solamente en la imagen interna, donde todo se une. Tenemos que meternos de lleno en esta imagen y no pensar en nada de lo que está fuera. Debemos sumergirnos en este libro, como si nos internáramos en un país maravilloso y estuviéramos paseando deseando ver y aprender todo lo que hay allí.
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